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Hablar de suicidio también es prevenir y escuchar es una forma de cuidar. 

Foto del escritor: Diego Recalde Cortez.
Diego Recalde Cortez.
14 sept
3 min de lectura

Todos de alguna forma hemos tenido un momento en nuestra vida donde la muerte se siente cercana, pensando en ella o conociendo a alguien que tal vez buscó la forma de dejar de vivir. Estas líneas buscan que hagas una pausa y hablemos de un tema que muchas veces preferimos callar, el suicidio.


Septiembre es el mes, en el que son más visibles las acciones de sensibilización y prevención contra el suicidio, recordando algo fundamental; hablar sobre este de manera responsable no provoca más suicidios y abrir espacios para escuchar puede ayudar a prevenirlo.


Durante estos años acompañado a personas y familias en momentos de dolor, crisis y transformación, he aprendido que detrás de una persona que piensa en la muerte casi siempre existe una gran confusión sobre un deseo real de morir y el deseo ferviente de no sentir más ese dolor, sin poder ver algo más allá; lo que confunde a la mente sobre como vemos la vida y la muerte.


Encontramos ahí un sufrimiento que necesita ser escuchado, comprendido y atendido, ya que no siempre sabemos qué está viviendo quien tenemos al lado.

Siempre hay señales, los momentos dejan de importar, las personas dejan de verse relevantes, las acciones cesan, el cuerpo pierde fuerza y aquello que antes nos motivaba parece no tener sentido.

Tal vez sea imperceptible para el resto, podemos seguir trabajando, sonriendo, cumpliendo responsabilidades y aparentando que todo está bien, mientras que por dentro libramos una batalla que nadie conoce.

Aquí está la magia del estar presente, escuchar puede ser una de las formas más importantes de ayudar, preguntar con genuino interés “¿cómo estás?” y escuchar, sin juzgar ni minimizar, puede cambiarlo todo.


Tomemos en cuenta algo, la vida siempre busca equilibrio, como en una canción que tiene silencios que son tan importantes como sus notas, o algún proyecto donde equivocarse para aprender es necesario; volverse fuerte no consiste en no caer, sino en aprender a levantarse y muchas veces permitirnos aceptar una mano cuando la necesitamos.


Tranquilo, prevenir el suicidio no significa tener todas las respuestas, a veces solo requiere estar presentes, poner atención y acercarnos a quien está sufriendo; significa comprender que pedir ayuda no es ser frágil o fracasar y que acudir a un profesional de salud mental es un acto de cuidado y amor, no de debilidad.


Necesitamos seguir construyendo una cultura en la que podamos hablar de salud mental con menos miedo y más humanidad, el sufrimiento no siempre se ve y una persona puede necesitar ayuda incluso cuando no sabe cómo pedirla.

Te invito a que hagamos algo sencillo pero que puede hacer la diferencia: preguntemos, escuchemos y acompañemos.


Y si eres tú quien está atravesando una etapa difícil, quiero recordarte algo; no tienes que resolverlo todo hoy ni hacerlo solo, a veces solo necesitas hacer algo que te haga bien durante ese instante, hasta que te permitas buscar, siempre habrá alguien dispuesto a escucharte y si sientes que no es suficiente, te mereces la oportunidad de hablarlo con un profesional.


En medio de la oscuridad, no necesitamos que alguien nos explique cómo encontrar la luz, a veces basta con que alguien se quede a nuestro lado. Tal vez, prevenir una muerte comienza con algo tan sencillo como quedarnos, escuchar y recordarle a alguien que su vida importa y aún tiene en este mundo un lugar.


Diego Recalde Cortez. Psicólogo clínico. Magister en Psicoterapia. Máster en sexología y terapia de pareja (en curso). Especialización en psicoterapia basada en evidencia. Especialista en sexología clínica y terapia de pareja. Diplomado en terapia de pareja y sexualidad. Más de 10 años de experiencia como psicoterapeuta.

 

 
 
 

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